LECTOCRACIA

Joaquín Rodríguez es el autor de libros como «Lectocracia», «Primitivos de una nueva era. Cómo nos hemos convertido en Homo digitalis» o «La furia de la lectura. Por qué seguir leyendo en el siglo XXI» y, por lo tanto, tenía todo el sentido que fuese uno de los protagonistas del foro «Lecturas sobre la lectura». Este evento ha sido organizado por la Fundación GSR como parte de su programa Lecturalab (cofinanciado por el Ministerio de Cultura) y se trata de un eslabón centrado en los libros dedicados a la lectura.

Rodríguez abordó iniciulamente dos tesis fundamentales sobre la lectura. La primera se refiere a la naturaleza humana y la lectura, explicando que no existe un gen específico en el ser humano que nos haga naturalmente lectores, pero sí somos capaces de entrenar nuestros cerebros para adquirir esta habilidad. A través de la neurociencia, se sabe que el aprendizaje de la lectura provoca cambios en la estructura y el funcionamiento del cerebro, aumentando la masa gris en áreas relacionadas con el procesamiento visual, fonológico y semántico. Aunque no nacemos siendo lectores, somos animales que, a través de la invención de tecnologías como el alfabeto y la escritura, podemos transformarnos mediante un entrenamiento adecuado. El proceso de aprender a leer, por tanto, es casi como un milagro, ya que nos permite convertirnos en lectores a pesar de no ser una predisposición innata.

La segunda tesis abordaba la idea de que la lectura no es inherentemente buena ni mala, sino que depende del contexto. Asimismo, argumentó que, a pesar de que constantemente hablamos de la igualdad de oportunidades y el espíritu universal de la alfabetización, la realidad demuestra lo contrario, ya que existe una correlación clara entre el capital cultural, educativo y económico de las familias y el desarrollo de las habilidades lectoras de los niños. Los niños de familias desfavorecidas, especialmente a edades tempranas, afrontan limitaciones en sus expectativas y disposiciones hacia la lectura, lo que influye en su éxito académico a lo largo de la vida.

El componente del esfuerzo es, una vez más, algo fundamental y la lectura no debe ser vista como algo que se disfruta desde el principio, sino como una habilidad que se debe cultivar, especialmente en contextos donde los jóvenes no encuentran conexión inmediata con el canon literario tradicional. Esto implica que la lectura debe ser promovida de manera más inclusiva y adaptada a las experiencias y contextos culturales de los estudiantes, para fomentar el gusto y la predisposición por leer.

El problema radicaría en que, en lugar de reconocer que la lectura es una habilidad que se puede enseñar y desarrollar, muchas veces se plantea como algo arbitrario o destinado solo a aquellos «afortunados» con un don para ella. Esta visión limita el acceso a la lectura a aquellos que provienen de familias con menos recursos culturales, económicos y educativos, perpetuando desigualdades sociales.

También el ponente también criticó la visión tradicional de la lectura como un ejercicio pasivo de recepción. Durante mucho tiempo, la lectura se ha visto como un proceso de mera repetición y imitación, pero esto limita el potencial de la lectura para generar comprensión y cambio. De acuerdo con Paulo Freire, leer no es simplemente descifrar palabras, sino entender y transformar el mundo. La lectura debe ser una práctica activa, una herramienta para reescribir y modificar la realidad. Esto implica una participación crítica y creativa del lector en la interpretación de los textos.

Desde otra perspectiva, Rodríguez reflexionó sobre cómo la lectura de textos en formato físico (como los libros) requiere una atención lineal y concentrada, mientras que las nuevas formas de lectura digital y multimedia presentan una «textualidad divergente». Los dispositivos digitales, con su integración de textos, imágenes y sonidos, crean una experiencia de lectura no lineal, que demanda una forma diferente de concentración y procesamiento de la información. Este cambio en las «textualidades» está afectando las capacidades de atención y comprensión de los lectores, especialmente en la era digital.

También subrayó la importancia de la alfabetización en el mundo moderno. Reconoce que, aunque la lectura es fundamental para el desarrollo de la identidad personal y la capacidad de pensar críticamente, no es suficiente por sí sola para abordar la complejidad de los desafíos actuales. En un mundo cada vez más complejo, es necesario promover otras formas de alfabetización que vayan más allá de la lectura tradicional, como la alfabetización digital y mediática, que también son cruciales para navegar en la sociedad contemporánea.

El ponente subrayó que el placer de leer no puede alcanzarse sin primero lograr una fluidez adecuada en la lectura. Esto requiere métodos de enseñanza efectivos, como los enfoques fonéticos, que son particularmente útiles para los niños de entornos desfavorecidos. Estos métodos no solo mejoran la fluidez, sino que también incrementan la comprensión lectora y permiten que los niños desarrollen una relación más profunda con los textos.

Por las razones anteriores defendió la necesidad de un enfoque integral para fomentar la lectura: fomentar el gusto por la lectura no puede ser un esfuerzo unilateral. Es necesario abordar el problema desde múltiples frentes, lo que implica trabajar con las familias, promover la equidad en las aulas, ampliar el canon literario y permitir que los estudiantes se apropien de los textos de manera significativa. También es esencial eliminar las barreras materiales y sociales que dificultan el acceso a la lectura.

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