LA VOZ DE LOS LIBROS
La ponencia de Maribel Riaza en el marco del foro «Lecturas sobre la lectura» se centró en su libro «La voz de los libros», una obra que es una referencia en el campo de los audiolibros y su impacto en el ecosistema cultural. Comenzó cuestionando la diferencia entre leer en papel, leer en digital y escuchar audiolibros, destacando que cada formato tiene su propio espacio en la vida moderna del lector. A través de su intervención defendió que escuchar y leer son dos modalidades complementarias de la misma actividad: la narración de historias.
Riaza argumentó que la tradición oral precedió a la escritura en la historia humana, señalando que durante la mayor parte de la existencia humana, las historias se transmitían oralmente. La lectura, ya sea en voz alta o en silencio, ha sido un evento social a lo largo de la historia, desde las antiguas bacanales romanas donde se leía en conjunto hasta la práctica de tener esclavos que memorizaban libros completos. Este enfoque en la dimensión social de la lectura contrastaría con la percepción moderna de la lectura como una actividad individual y silenciosa.
También llevó a cabo un repaso histórico y citó dinámicas de la Edad Media cuando la lectura en voz alta era común en los monasterios, ya que los libros eran escasos y caros. En lugares como la Abadía de Cluny, los monjes se reunían para escuchar la lectura de libros, como la Divina Comedia, ya que no todos podían acceder a los textos. La lectura en voz alta era parte de la vida cotidiana y estaba incluso reglamentada.
Resaltó como en el Siglo de Oro, autores como Quevedo y Cervantes entendían que sus obras serían más escuchadas que leídas. De hecho, en los prólogos de muchas obras de esa época, los escritores se dirigían a sus «oyentes» en lugar de a sus «lectores». Un ejemplo es el Quijote, en el que se presentan personajes con diferentes formas de interacción con la lectura: el cura, letrado y lector en voz alta; Sancho Panza, iletrado, con tradición oral; y Don Quijote, quien representa al lector moderno y solitario. La lectura en voz alta era un acto social, mientras que la lectura en silencio comenzaba a ser vista como una práctica «rara» e incluso peligrosa para la salud, ya que los médicos del Siglo de Oro advertían que podía desdibujar la realidad y la ficción.
En épocas posteriores, como la Ilustración y la Revolución Francesa, la lectura en voz alta de panfletos y periódicos permitió que las ideas llegaran a amplios sectores de la población. Este fenómeno siguió en el siglo XIX con Charles Dickens, quien realizó giras de lectura pública. Su habilidad para interpretar sus obras y la emoción que generaba en su público lo convirtió en un fenómeno popular. La gente esperaba con ansias sus lecturas, y el impacto emocional de su narración le permitió ver, en vivo, las reacciones de su público, algo que no ocurre cuando un escritor solo se enfrenta al papel.
Avanzando hacia los debates más recientes, Maribel Riaza reflexionó sobre la llegada de los libros electrónicos y cómo, al igual que con los audiolibros, hubo críticas iniciales sobre su valor y eficacia en comparación con el libro tradicional. Sin embargo, señaló que cada formato tiene sus propias ventajas y aplicaciones, dependiendo del contexto: el papel es más útil para estudios detallados, mientras que los libros electrónicos y los audiolibros ofrecen conveniencia y accesibilidad en otros momentos, como la lectura antes de dormir.
En un giro histórico, la experta mencionó a Cyrano de Bergerac, quien en el siglo XVII imaginó un dispositivo capaz de «leer» libros en voz alta, anticipando la creación de los audiolibros modernos y también aludió a la invención del fonógrafo por Edison en 1877, y cómo, al principio, la gente se mostró escéptica sobre su utilidad. Sin embargo, Edison defendió que el fonógrafo podría ser útil para grabar lecturas, lo que resultó ser un paso fundamental para el desarrollo de los audiolibros.
La ponente también cito a las emprendedoras Bárbara Cohen y Mariam Rooney que en los años 50 comenzaron a grabar lecturas de poetas como Dylan Thomas y otros autores, dando inicio a la industria de los audiolibros tal como la conocemos hoy. Gracias a ellas, ahora podemos disfrutar de la voz de escritores como Sylvia Plath o Tolkien, leyendo partes de sus propias obras.
Desde una perspectiva más actual ofreció informaciones como que un 20% de los audiolibros en Estados Unidos se comercializan en español, lo que refleja la creciente demanda en el mercado hispano. Esta expansión se ha acompañado de la evolución del formato de los audiolibros, que ha pasado desde vinilos y casetes hasta llegar a dispositivos móviles, permitiendo que las personas disfruten de los libros en voz alta mientras realizan otras actividades, como ya se hacía en la antigua Roma.
Riaza planteó que, desde su perspectiva, leer y escuchar son dos caminos diferentes para llegar al mismo objetivo: disfrutar de una historia. Utilizó una metáfora para explicar que, al igual que se puede llegar a un parque de atracciones por diferentes rutas (una lenta y sinuosa, y otra rápida y directa), tanto leer como escuchar conducen a la misma experiencia de disfrute. Según la ponente la ciencia respaldaría su afirmación, indicando que ambos procesos activan la misma parte del cerebro. Sin embargo, para ciertos objetivos, como la memorización, leer en papel puede ser más efectivo, mientras que para la recepción de emociones, la escucha parece ser más intensa, ya que la voz humana transmite sentimientos de manera más directa.
La experta subraya que, en lugar de ver estos formatos como excluyentes, se deben considerar complementarios, y cada uno tiene su lugar dependiendo del contexto y los objetivos personales.
En cuanto al futuro, plantea la posibilidad de que, con los avances en inteligencia artificial y otras tecnologías, los libros podrían llegar directamente a la mente humana, sin necesidad de pasar por los ojos o el oído, algo que no parece tan lejano, dado que Cyrano de Bergerac ya imaginó una tecnología similar en el siglo XVII. Esta idea de recibir los libros directamente en la mente sería otro camino distinto, con sus propias ventajas y desventajas, pero en última instancia, lo importante es que las historias sigan llegando al corazón de las personas, sin importar el formato.
Maribel Riaza concluyó su intervención destacando que la industria editorial no debe centrarse en la competencia de formatos, sino en la creación y distribución de contenidos. Subraya que, más allá del formato, lo que realmente importa es la historia que se cuenta. Además, menciona que muchas plataformas, como Audible y Storytel, tienen datos que muestran que los oyentes de audiolibros también son grandes compradores de libros en papel, lo que refuerza su postura de que los diferentes formatos pueden coexistir sin prejuicios.



