ENTREVISTA A MARÍA JOSÉ GÁLVEZ

¿Cómo colabora el Ministerio de Cultura con organizaciones como la FGSR e iniciativas como PARIX para fortalecer las comunidades de lectores a través del marketing de contenidos? 

PARIX es para el Ministerio de Cultura un proyecto nuclear. Cuando me nombraron directora general del Libro, del Cómic y de la Lectura era consciente de que se podían hacer muchas cosas, y todas valiosas, pero confieso que una de mis prioridades era organizar una ‘escuela del libro’, que sirviera verdaderamente para dar un soporte formativo al sector, y que estuviera al hilo de todas las novedades.

Los comienzos fueron duros, con la pandemia poco después, pero se presentó la oportunidad de abordar esta ‘escuela’ con el Plan de Recuperación y Resiliencia de la Unión Europea y aprovechamos de inmediato la ocasión, encargando a la Fundación Germán Sánchez Ruipérez la creación del programa PARIX para dar formación a todo el ecosistema del libro. ¿Por qué la Fundación? Claramente, por su compromiso con los lectores, por sus estudios de vanguardia, por su vocación de participar en foros internacionales… Todo esto la hacía idónea para llevar a la práctica algo como lo que teníamos en mente: un proyecto de base, por una parte, que ofreciera formación para solucionar los problemas del día a día del sector; pero, por otra parte, con formación de mucha calidad, gratuita y totalmente a la medida del sector del libro español, de su presente y de su futuro.

Dicho esto, centrando la pregunta, lo más importante no es tanto lo que haga el Ministerio de Cultura con las comunidades de lectores (aunque tenemos diversos proyectos, como un nuevo club de lectura de premios nacionales, o las tradicionales ayudas a la promoción de la lectura, en las que tiene cabida todo un arco de acciones que van de lo tradicional a lo novedoso) sino qué soporte da. Y ahí están los cursos de PARIX, con, por ejemplo, el de ‘Márketing de contenidos para comunidades de lectores’.



Con el avance de las tecnologías digitales, ¿cómo está evolucionando la estrategia del Ministerio para fomentar la lectura en un entorno cada vez más digitalizado?

Los avances son a veces tan rápidos, que no es fácil seguirlos con la reflexión debida, pero han abierto un mundo nuevo en el que ya nada es como antes, porque, además de las acciones sustantivas, hay un aspecto muy importante como es el de la comunicación.

Ahora mismo, las redes sociales y la comunicación directa a través de medios digitales permiten difundir, con un consumo de recursos mínimo, cualquier iniciativa, compartir conocimientos, y hacer llegar a los ciudadanos toda la información que en el pasado era impensable. Se puede destacar el papel de los booktubers o booktokers, que para ciertos segmentos de edad cumplen un papel importantísimo, pero hay muchas más cosas que se pueden hacer.

Por poner un ejemplo reciente, en octubre de 2024 hemos iniciado desde la dirección general un ‘Club de lectura virtual de Premios Nacionales’, en el que puede participar cualquier ciudadano de forma gratuita, y está teniendo muy buena aceptación. Porque estas iniciativas, además de fomentar la lectura, apoyan la comprensión lectora, y crean comunidad. Uno de los grandes cambios que se está produciendo en los últimos años es el paso de la lectura como un acto plenamente individual a algo colectivo, que genere interacción y conversación. Y en cierto modo, en realidad, es volver a los orígenes.

Otra iniciativa que no puedo dejar de citar porque ha sido clave no solo para fomentar, sino también para facilitar el acceso a la lectura, es eBiblio. Nació en 2014, cuando el libro digital era ya un hecho y durante todos estos años se ha seguido manteniendo la plataforma y la compra de licencias; es un sistema que pone de manifiesto el sistema de cooperación bibliotecaria entre el ministerio y las comunidades autónomas. En esta primera década de andadura, eBiblio ha prestado más de 18 millones de libros de todos los géneros, audiolibros, cómics o revistas. Solo en 2023 realizó más de 3,5 millones de préstamos de más de 50.000 títulos distintos, superando en un 25% las cifras extraordinarias que se dieron en 2020 a causa del confinamiento. eBiblio permite que, con independencia de dónde se vive o con qué recursos se cuentan, se pueda acceder al préstamo público de libros, de forma gratuita para la ciudadanía. Es muy importante.


¿Qué papel cree que jugarán herramientas como la inteligencia artificial y la realidad aumentada en la promoción de la lectura en los próximos años?

Como bien sabes, la IA no tiene el mismo impacto en la creación literaria, que en la gestión bibliotecaria, que en los modelos y promoción de lectura. Y tampoco el tipo de IA que se utilice. En unos casos es una amenaza y en otros es una oportunidad. En todos, un reto.  Mayúsculo.

La inteligencia artificial, digamos “tradicional” es un instrumento utilísimo para facilitar y optimizar muchas funcionalidades y que se ha incorporado a lo cotidiano sin fricciones en la mayoría de los casos. Estoy pensando, por ejemplo, en la IA procesual aplicada en sistemas bibliotecarios. No se puede decir lo mismo de la inteligencia artificial generativa, que puede suponer una amenaza para determinados ámbitos creativos. En este punto, el respeto a la voluntad de los creadores, la transparencia y la justa remuneración, son básicas. El marco es, pues, el ordenamiento jurídico comunitario, que nos da los mimbres de trabajo, y el diálogo con los sectores culturales.

Creo que la capacidad predictiva de la IA jugará un papel importante, o muy importante, en la prescripción de libros, o la oferta de contenidos ad-hoc (lo cual ya hace), y combinada con el márketing de contenidos (en el que también interviene la IA): los mensajes personalizados tienen más capacidad de llegar al destinatario, y de producir efecto. Ya me he referido a la interacción con otros lectores, las comunidades. Se abre un interesante abanico de opciones que, con toda seguridad, seguirá ampliándose en el futuro inmediato y que tenemos que abordar con prudencia y de forma complementaria a lo que ya existe: que el algoritmo no sustituya nuestra capacidad de decidir.

En cuanto a la realidad aumentada, de momento está mostrando su utilidad en entornos escolares, y parece que mejora la motivación de los alumnos y la comprensión lectora. Pero, como bien es sabido, las competencias en educación reglada corresponden a las comunidades autónomas, y nosotros nos movemos en otros ámbitos.


En el contexto de las transformaciones culturales y tecnológicas, ¿cómo se visualiza el futuro de las bibliotecas como centros comunitarios de aprendizaje y cultura?

Las bibliotecas hace tiempo que dejaron de ser lugares estáticos para préstamo de libros y salas de lectura y estudio en exclusiva. Se han transformado ya en verdaderos centros dinamizadores de la cultura y de la lectura en particular, que son en muchos casos (sobre todo, en localidades pequeñas) vectores de acciones comunitarias. Para mí, son la primera infraestructura cultural en la que, además, se ejercen derechos fundamentales como el derecho a la información.

El Ministerio de Cultura convoca, en colaboración con la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), la Campaña de Animación Lectora María Moliner para localidades de menos de 50.000 habitantes. El programa, en el que el Ministerio de Cultura invierte 1,1 millones euros, ha premiado en su última convocatoria a 370 bibliotecas de municipios de toda España. No hay más que mirar los proyectos ganadores para hacerse una idea de las iniciativas tan innovadoras, interesantes, y algo, muy importante, adecuadas a las características de cada localidad, que promueven las bibliotecas.

Por nuestra parte, llevamos cuatro años haciendo los ‘Laboratorios bibliotecarios’, que son unos encuentros que pretenden dar traslado de la metodología de los laboratorios ciudadanos a los entornos bibliotecarios. Se realizan online, y la respuesta es extraordinaria. En cinco años han tomado parte (contando España y Latinoamérica, desde donde también se puede participar) más de 8.600 personas.

También hay que mencionar que, vez tras vez, cuando se publican las estadísticas culturales, de entre toda la oferta que se evalúa, lo más valorado son siempre las bibliotecas (y en eso es determinante la formación y profesionalidad de los bibliotecarios), con gran diferencia sobre cualquier otro servicio cultural.


¿Cuáles son los principales desafíos para preservar la bibliodiversidad y la pluralidad lingüística en España, y cómo los está abordando el Ministerio?

La bibliodiversidad y la pluralidad lingüística son, precisamente, dos de los ejes que nos parecen esenciales para preservar la riqueza y diversidad cultural española.

La bibliodiversidad es uno de los orgullos y de las singularidades, si nos comparamos con países de nuestro entorno, de la oferta editorial en España. El propio mercado da cabida a los grandes grupos editoriales, que tienen sus prioridades, a muchas editoriales de tamaño mediano o pequeño, editoriales independientes que tienen un hueco importante y ofrecen una mirada diferente, y a otras muchas microempresas que también han encontrado su lugar ofreciendo opciones que, de otro modo, no tendríamos como lectores. Cada uno con sus líneas editoriales y buscando sus nichos, se puede apreciar un interesante equilibrio que permite, para los lectores, encontrar todas las tipologías de géneros literarios, de miradas, de opciones… y elegir.

En cuanto a la pluralidad lingüística, estamos apostando, sin dudarlo, por su respeto y su impulso: es una riqueza innegable y nos define como ciudadanos de un país plural. Poder escribir, poder publicar y poder leer en cualquier da las lenguas oficiales o estatutarias en España, creo que muestra la madurez de nuestra democracia y una mejora comprensión de cómo somos como país. Por nuestra parte, hemos creado, en 2022, una línea de ayudas para la traducción entre lenguas del Estado, y hemos diseñado una nueva actividad (‘Afinidades electivas’) en la que se encuentran, en librerías, dos autores que escriban en distinta lengua. También hemos ampliado, hace poco más de un año, las lenguas que tengan reconocimiento en sus Estatutos de Autonomía, aunque no sean oficiales, en prácticamente todas nuestras líneas de actuación.


¿Qué medidas está tomando el Ministerio para asegurar que los beneficios de la lectura se extiendan a todos los ámbitos de la sociedad, incluyendo comunidades vulnerables o menos representadas?

La lectura es, por supuesto, la gran prioridad de esta dirección general y, desde que me nombraron para este puesto, ha presidido todas nuestras acciones. ¿Cómo se consigue? Desde luego, no nosotros solos. Somos muchos actores trabajando en el mismo sentido, y por nuestra parte, nos corresponde el impulso y el fomento. Las alianzas, para mí, son el primer pilar en la consecución de este objetivo. Además del diálogo continuado con el sector, a través de la Mesa del Libro y sus grupos de trabajo; las colaboraciones con las distintas administraciones públicas; o los proyectos con entidades implicadas en el impulso del libro y la lectura, como esta Fundación; también tratamos de abrir otros caminos. Por ejemplo, estamos en contacto con la ONCE y con Instituciones Penitenciarias para evaluar posibles colaboraciones.

La financiación suficiente y adecuada es el segundo pilar. En el caso del Ministerio de Cultura, en este periodo se ha multiplicado por tres la dotación económica para las ayudas para actividades de promoción de la lectura, y se ha incluido como posibles beneficiarios a los entes locales (que son los que están más cercanos a los ciudadanos y no siempre disponen de medios suficientes). Hemos aumentado considerablemente la dotación económica para compra de licencias para préstamo digital a través de bibliotecas y, aunque la gestión de estas no nos corresponde, hemos hecho una dotación extraordinaria de 10 millones de euros con fondos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia para compra de fondos bibliográficos para bibliotecas públicas.

En este contexto estaría también incluida la línea de proyectos de la Campaña de Animación Lectora María Moliner que ya he explicado y que tantas satisfacciones nos dan. Y, en general, se tiene una particular sensibilidad hacia las comunidades vulnerables o menos representadas, por ejemplo, promoviendo criterios específicos que las favorezcan en las convocatorias de ayudas.

El trabajo a largo plazo sería el tercer pilar para conseguir este objetivo. La lectura es, como parte esencial de la cultura, un derecho de la ciudadanía. Y no se defiende de manera puntual en el presente, sino de forma constante y siempre mirando al futuro.

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